En los últimos años, las empresas privadas han entendido la importancia y los beneficios de generar impacto ambiental y social. La sostenibilidad se puso de moda, y las empresas han estructurado grandes estrategias de Responsabilidad Social Corporativa para asegurar que la empresa contribuya a la sociedad más allá del valor generado valor a sus accionistas.
Y, aunque las iniciativas de las empresas privadas son un avance hacia una sociedad más equitativa, en el mundo de hoy en Ahana somos conscientes de que no están siendo suficientes. Los problemas que vivimos como sociedad necesitan más contribución de todos los actores: empresas, gobierno, organizaciones sociales e incluso de la sociedad civil. Es un gran reto para las empresas sumarse a esta nueva ola, en donde no se miden únicamente los resultados financieros, sino también la contribución al progreso de la sociedad. Para lograr un impacto positivo y duradero, las empresas deben considerar los siguientes factores:
El propósito
En su libro Capitalismo Consciente, John Mackey dice que “una buena empresa no necesita hacer nada extraordinario para ser socialmente responsable. Cuando crea valor para sus grupos de interés, ya está actuando responsablemente. Una empresa consciente cree que generar valor para todos sus grupos de interés es intrínseco al éxito del negocio, en donde las comunidades y el medio ambiente son grupos de interés importantes”. Las empresas que generan un impacto positivo son aquellas que saben para qué están en el negocio y lo hacen conscientemente. No se trata de tener un propósito para la empresa y otro para las iniciativas sociales que se desarrollen. Se trata de involucrar en la propuesta de valor a todos los grupos de interés, desde los clientes, empleados y accionistas hasta los proveedores y comunidades vulnerables a las que pueda influenciar.
El trabajo en equipo
En su libro Forces for Good, Leslie Crutchfield explica la importancia de poner la causa por encima de todo lo demás. Enfocándose en organizaciones sociales, Crutchfield, menciona que la manera de lograr un impacto duradero consiste en crear alianzas entre las organizaciones que buscan un determinado resultado. La solución es conjunta y la causa es la reina. Por ejemplo, en Bogotá hay miles de actores que tienen iniciativas en Ciudad Bolívar. En vez de que todos estén buscando resolver las problemáticas a mediana velocidad y con recursos limitados, si se busca unir fuerzas para buscar e implementar soluciones, el impacto será más importante y más duradero. Las empresas pueden buscar aliados en organizaciones sociales que también estén trabajando por la misma causa social, organizaciones civiles, voluntarios, gobierno o incluso otras empresas creando un ecosistema eficiente y enfocado. Finalmente, lo importante es lograr un cambio en la causa, sin importar quien lo logre.
La alineación entre la innovación social y el negocio
El impacto más importante que puede generar una empresa a la sociedad está en aquello que conoce. Las empresas pueden explotar los conocimientos, el know-how y las habilidades que ya tiene para crear iniciativas sociales que impulsen el desarrollo de las comunidades. Y esto no sólo va a traer beneficios sociales, sino creará una relación gana-gana. Las comunidades van a desarrollarse y aprender de una autoridad en el tema. Pero las empresas también van a beneficiarse al abrirse y entender nuevas perspectivas de su negocio, nuevos mercados e innovaciones que pueden convertirse en potenciales productos o servicios a ofrecer. Las organizaciones deben dejar de pensar en el impacto social como una “responsabilidad” y empezar a verlo como una oportunidad. Después de todo, ya se ha comprobado que el buen desempeño de una empresa y el bienestar de la sociedad están directamente relacionados. Es igual de buen negocio invertir energía y cultura de innovación en el negocio que en las iniciativas sociales.
Creación en conjunto y centrada en el humano
La innovación social, en muchas ocasiones, se convierte en iniciativas asistencialistas o en caridad. Las organizaciones diseñan e implementan soluciones en comunidades que subestiman o malinterpretan las necesidades mismas que quieren erradicar. Jill Novogratz, fundadora de Acumen, cuenta que se ha encontrado con muchas organizaciones que invierten en soluciones que al final, no son útiles. Cuenta la historia de una organización australiana que diseñó un sistema para llevar electricidad a un pueblo africano. Pero, cuando llegaron, una mujer del pueblo le explicó las razones por las que el sistema no era suficiente y le dió ideas para solucionar ese problema. La moraleja de la historia es que son las comunidades las que entienden y saben qué es lo que necesitan. Si no se oye a las personas, difícilmente se podrá diseñar algo que genere impacto.
En conclusión, las empresas son uno de los actores más importantes de la sociedad para lograr el cambio social y ambiental que el mundo necesita. Por lo tanto, deben empezar a pensar no solo en la Responsabilidad Social Corporativa, sino en una estrategia social que integre a todos los grupos de interés y que asegure, a través de la operación del negocio y la innovación social. Y no sólo se trata de una relación de la empresa hacia sus grupos de interés, sino de una estrategia social donde la relación se vuelve de doble vía. No solo es una oportunidad para explorar nuevas necesidades, tendencias y mercados, sino también es una oportunidad para atraer talento, generar más valor a sus clientes y consumidores y, lo más importante, crear una relación de confianza con sus grupos de interés.